Punto de encuentro de todos aquéllos que estén interesados en vida y obra del Padre Leonardo Castellani (1899-1981)

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viernes, 26 de mayo de 2017

"Un mínimo de anticlericalismo es necesario para la salvación eterna"

viernes, 26 de mayo de 2017

¿Es usted anticlerical?


¿Es usted anticlerical?
Por Leonardo Castellani
Esta pregunta espinosa se puede satisfacer con una distinción muy sencilla: anticlerical que va contra el clero, NO; anticlerical que va contra el clericalismo, SÍ. Wicleff, de Oxford, fue anticlerical en el primer sentido; Chaucer, de Oxford, su contemporáneo y condiscípulo (1340-1400) sólo en el segundo. Y lo mismo podemos decir del Papa Gregorio XI, que respondió a los que acusaban al poeta inglés de «ir contra los religiosos»: «Quodsi improbis et idiotis adversatur, et ego adversor.» [Pero si se opone a los perversos y a los idiotas, también yo me opongo.]
Clericalismo es «el descenso de una mística en política», como lo definió muy bien Charles Peguy. No es simplemente un cura que se vuelve político, como el P. Filippo o el Cardenal Cisneros, eso no tiene importancia; es dentro de la misma religión donde se verifica este «décalage» -vale decir, cuando los fines específicos del sentimiento religioso se desvían a metas terrenales. Nuestros padres llamaron «santulones» a los que sufren de este desorden, cuando son gentecilla; cuando son Jerarcas, la cosa tiene otro nombre más feo, procedente del Evangelio.
Clericalismo ha habido siempre, y el de hoy no es invisible. Por ejemplo, cuando un Jerarca de la Iglesia se cree más infalible de lo que es, y aun más que el Padre Eterno, eso es alto-clericalismo; cuando un súbdito afecta creerlo, bajo-clericalismo. Hoy día es más castigado el que se atreve a decir que un Jerarca se equivocó, aunque eso sea patente, que el que dijera que la Santísima Trinidad tiene cuatro personas: Padre, Hijo, Espíritu Santo y el Obispo. A este último son capaces de condecorarlo los Canónigos Lateranenses, como a Constancio Vigil. Tal como anda hoy el mundo, por lo menos en este país, un mínimo de anticlericalismo es necesario para la salvación eterna.
Fuente:

miércoles, 24 de mayo de 2017

† Jorge Castellani, QEPD

In Memoriam

JORGE OSCAR CASTELLANI murió ayer, a la edad de 86 años. Nació el 11 de febrero de 1931 en Reconquista, Santa Fe; fueron sus padres Luis Castellani e Isabel Vizcay. Se casó con Nilda Nora Cabral y tuvo una hija, María Luz.

Fue el artífice de las editoriales Dictio, Iction y Pasco, a través de las cuales editó más de un centenar de títulos de los mayores pensadores contemporáneos, nacionales y extranjeros, incluido su tío, el padre Leonardo Castellani, muchas de cuyas obras fueron publicadas por primera vez merced a su esfuerzo.




viernes, 24 de marzo de 2017

Castellani en los recuerdos de Félix Luna

Félix Luna (1925-2009) nació en la ciudad de Buenos Aires en el seno de una familia de orígenes riojanos. Su abuelo, Pedro Luna, fue el fundador de la Unión Cívica Radical en la provincia de La Rioja y su tío, Pelagio, fue vicepresidente de la Nación acompañando a Hipólito Yrigoyen en su primer período como mandatario. Estudió y se recibió de bachiller en el Colegio del Salvador de los padres jesuitas y, posteriormente, se graduó de Abogado en la Universidad de Buenos Aires.

Por aquella época militó activamente en el radicalismo, estuvo preso siendo torturado durante el gobierno peronista y fue más tarde funcionario de tercer nivel del gobierno de la Revolución Libertadora. Cuando la UCR se escinde, acompañó la fórmula intransigente de Arturo Frondizi. Junto a Ariel Ramírez, recorría los comités de la UCRI interpretando canciones folclóricas; fue éste también el inicio de un prolífico trabajo conjunto de composición que se prolongaría varias décadas.

La caída de la presidencia de Arturo Illia y la disolución de los partidos políticos llevaron a Luna a abandonar la política partidaria y desarrollar una tarea que lo haría conocido para el gran público: la divulgación histórica de la mano de la revista Todo es Historia, que aún existe a pesar de las furiosas críticas que recibiría a izquierda y derecha a lo largo de los años. A este emprendimiento seguirían varios libros de historia y novela histórica muy vendidos: Yrigoyen, Alvear, El 45, Los caudillos, Breve historia de los argentinos, Soy Roca, Martín Aldama, un soldado de la independencia. Fue, además, profesor en su alma máter, en la Universidad de Belgrando y en la del Salvador, y secretario de Cultura de la Municipalidad porteña en el último tramo del gobierno de Raúl Alfonsín.



En su obra autobiográfica Encuentros a lo largo de mi vida (Buenos Aires: Sudamericana, 2011), escribe sobre el Padre Castellani:

"[...] Muchas veces pasaba por allí [el comedor del Colegio del Salvador] un jesuita que no conocía, cara de pocos amigos, que cruzaba el salón y salía por una puertita sin saludar. Después me enteré de que era Leonardo Castellani, mi admirado "Jerónimo del Rey" de las fábulas camperas, el autor de ardientes artículos en diarios nacionalistas. Estaba castigado por la Orden, a la que abandonó años más tarde por sus posiciones inconformistas pero también, creo yo, por su talento, que desbordaba la chatura promedio de sus cofrades. Así como Furlong era profesor de inglés, Castellani hubiera podido ser profesor de cualquier cosa y seguramente nos hubiera deleitado; pero era demasiado rebelde para que sus superiores confiaran en él..."

Hablando más adelante de la revista Todo es Historia, dice:

"Otra norma que no ha variado: la presencia de nuestros lectores en las páginas de la revista. La sección 'Lectores amigos' es de ellos y cualquiera puede decir allí lo que se le ocurra. Nunca dejamos de publicar sus mensajes, aunque contuvieron críticas contra la revista y su director. [...] Y recuerdo al padre Leonardo Castellani, que nos mandó también cartas muy agudas; una de ellas, a continuación de su firma, anunciaba 'tentato di morire'... aunque duró varios años más. La sección 'Lectores amigos' es una ventanita a nuestro pequeño mundo de lectores, una ocasión de autocrítica y de desahogo, y nos preocupa mucho cuando algún mes resultan escasas."


viernes, 17 de marzo de 2017

Rosistas y Castellani


En 1994, para el período julio - septiembre, la Revista del Instituto de Investigaciones Históricas "Juan Manuel de Rosas" de Buenos Aires dedicaba su número 36 completo al Padre Leonardo Castellani.



El índice incluía los siguientes trabajos:
  • El sacerdote. Carlos M.Buela.
  • El perfil teológico. Miguel Angel Fuentes.
  • El sentido religioso. Raúl Sánchez Abelenda.
  • El filósofo. Alberto Buela Lamas.
  • El Poeta, "Mal domador de Sueños". Fermín Chávez.
  • Mester de Clerecía. Aurora Venturini.
  • El pensamiento poético. Liliana B.Pinciroli de Caratti.
  • El género policial. jorge Ferro.
  • Un psicológo desde la trascendencia. Alberto Fariña Videla.
  • Sobre la educación. Héctor Martinotti.
  • De la Cultura, el Arte y la Herejía. Jorge Perrone.
  • La lucha por la hermosura. Luis Castellani.
  • Biografía del Padre Leonardo Castellani. Enrique Bonomí.
  • Cronología periodística.
  • Semblanza del Padre Castellani. Antonio Quarracino.
  • Castellani visto desde Europa. Sergio Sarti.
  • Homenaje y Agradecimiento. Colegio Champagnat, 5 de diciembre de 1969.
  • Fragmentos de una homilia inédita.
  • José Hernández Vive. 
  • Castellani, su bibliografía pasiva.
  • Castellani, sus obras.
  • Leonardo Castellani, Las ideas de mi tío el cura.
  • Leonardo Castellani, La catarsis católica en los ejercicios espirituales de Ignacio de Loyola.
  • Documentos.
  • Algunos trabajos del Padre Castellani.
Realmente un "número extraordinario".


Hay que recordar que el P. Castellani formó parte como vocal de la Comisión Directiva del Instituto de Investigaciones Históricas "Juan Manuel de Rosas" tras su refundación en 1968. En aquella oportunidad, el presidente de la misma era el Grl. Div. (R) Oscar Uriondo, el vicepresidente el Alte. (R) Guillermo Brown, el secretario el Sr. Julio A. Torres, el prosecretario el Sr. Fermín Chávez y el tesorero el Sr. Manuel N. J. Anchorena. Además del Padre, eran vocales el Sr. A. Contreras, el Dr. Federico Ibarguren, el Sr. Arturo Jauretche, el Dr. Raúl Matera, el Sr. Juan Pablo Oliver, el Cnl. (R) Diego Perkins y el Sr. José María Rosa.





En 1970, tras la reorganización del Instituto, acompañará como consejero a Julio Irazusta (presidente), Pedro J. Vignale (vicepresidente) y Fermín Chávez, Eduardo Luis Duhalde, Guillermo Furlong S.J., Atilio García Mellid, Arturo Jauretche, Roberto H. Marfany, José Luis Muñoz Azpiri, René Orsi, Juan Pablo Oliver, Rodolfo Ortega Peña, Ernesto Palacio, Enrique Pavón Pereyra, José María Rosa,Vicente Dionisio Sierra, Luis Soler Cañas y otros.



martes, 24 de enero de 2017

El diario "La Prensa" recuerda a Castellani II: Entrevista al Dr. Randle

Publicamos los otros días la entrevista que Agustín De Beitía le hizo al R. P. Alfredo Sáenz S.J. y la nota de Sebastián Sánchez comparando a Castellani con Castañeda. Hoy nos complace publicar la segunda parte del especial del diario La Prensa con la entrevista de Jorge Martínez al Dr. Sebastián Randle, fragmentariamente reproducida en la bitácora Que no te la cuenten.

Cultura

Un profeta ante la "gran calamidad"

22.01.2017 | El biógrafo del padre Castellani explica el destino singular del olvidado sacerdote y escritor. Sebastián Randle sostiene que el autor de "El Evangelio de Jesucristo" era un tipo difícil al que le tocó denunciar la Gran Apostasía. Ni entonces ni ahora se le prestó la debida atención.

Por Jorge Martínez


Hace tiempo que no se habla del padre Leonardo Castellani. Un olvido injusto por donde se lo mire, que a la vez pasa por alto la profundidad de una de las grandes mentes del catolicismo de habla hispana en el siglo XX, y soslaya el talento literario de sus numerosos escritos repartidos en libros, artículos, conferencias y homilías.

Políglota, teólogo y exégeta, pero también periodista, crítico literario, poeta y novelista: Castellani (1899-1981) dejó una obra tan vasta -al menos 60 volúmenes- como rica por la agudeza de sus reflexiones y el encanto de su estilo, una marca inconfundible del autor. Ese estilo personalísimo que nunca perdía el humor ni la campechanía aunque hablara del Reino de los Cielos, el Fin de los Tiempos o la Parusía y que era como el destilado accesible al lector corriente de una honda sabiduría acumulada en decenios de estudio y oración.

Era ese uno de los muchos rasgos que lo acercaban a G.K. Chesterton, escritor al que admiraba y al que tanto se parece pese a las diferencias de temperamentos y peripecias vitales.

Castellani fue un personaje a todas luces extraordinario que hace algo más de un decenio encontró al biógrafo digno de su estatura. El doctor Sebastián Randle, hombre de la Justicia, aficionado a las letras y católico combativo, acometió la empresa en sus ratos libres como trabajo de amor y de reparación. El resultado fue Castellani, 1899-1949, biografía monumental publicada en 2003 por la editorial Vórtice, que recorre la mitad de la vida y la obra del sacerdote nacido en Reconquista, provincia de Santa Fe. Y que lo hace con las adecuadas dosis de fe, cultura y buen humor para mejor retratar a semejante biografiado. En marzo próximo saldrá la continuación de esa obra insustituible.

Mientras aguarda esa nueva publicación, Randle accedió a responder por correo electrónico algunas consultas de este diario sobre el hombre al que dedicó toda una vida de lecturas y -al menos- dos decenios de investigación y escritura.

-A pesar del olvido ominoso en que cayó, el padre Castellani fue, como autor, muy leído e influyente, al menos dentro de ciertos sectores. ¿Cómo podemos medir hoy la influencia cultural, política y hasta teológica que tuvo en su tiempo?

-Yo creo que es una pregunta imposible de responder, a menos que distingamos y digamos con toda claridad qué cosa queremos decir con "influencia". Si de números de personas se trata, puede que el grupo de "influenciados" sea relativamente importante. Pero si la "influencia" refiere a la gente que realmente lo entendió, que le fueron fieles luego, que se hicieron (de una u otra manera) discípulos de él, me parece que son pocos, muy pocos. De entre mis amigos, los que realmente entendieron a Castellani, son poquísimos. Eso a él lo tenía sin cuidado y a mí, ¿qué quiere que le diga?, también.

-Hay en la obra de Castellani un estilo característico, rápidamente identificable, un encanto muy personal. Usted lo define como propio de un "gran comunicador". ¿Cómo cree que lograba esa comunicación tan eficaz?

-Su poder de comunicación no tiene ningún secreto: había hecho los deberes, sabía su castellano (y seis lenguas más), sabía hablar muy bien (óiganse sus sermones que están en Internet) y escribía como los dioses. Tenía un inmenso sentido del humor y era original en extremo. Así cualquiera.

-¿Cuál es a su juicio el mejor libro? ¿Y por dónde recomendaría empezar a leerlo a quienes no lo conocen?

-Su mejor libro, a mi juicio, es El Evangelio de Jesucristo. Yo empezaría por ahí. O quizás, por algunas de las antologías de sus escritos, como la realizada entre nosotros por el P. Biestro o en España por Juan Manuel de Prada.

-En varios pasajes habla usted de un lado sombrío, "maldito", de Castellani. ¿A qué se debían esas aflicciones íntimas en una persona que por otra parte parecía ser tan creativa y enérgica?

-Vea, si a usted le pasa la mitad de lo que le pasó a Castellani en los primeros cinco años de su existencia, vaya si no va a tener "aspectos sombríos" y "lados oscuros" en su personalidad. En eso es obvio que Freud estaba en lo cierto. Pero además, si nos llegara a pasar la mitad de las cosas que le pasaron a él... pues... Pero, en fin, para contestar enteramente a su pregunta, no puedo sino referir, una vez más, a mi libro.

-Recuerdo que en alguna reseña Castellani definió al escritor inglés Hilaire Belloc como un "profeta". ¿Lo fue también el propio Castellani?

-Alguna vez hablé sobre este asunto de Castellani y sus dotes de profeta. Recurriendo a una categoría kierkegordiana, Castellani se reconocía un "singular" y en esa medida su voz resonaba con aires proféticos, malgré lui. Y no que fuera un caprichoso, como se lo ha acusado tantas inicuas veces, ni que quería hacerse el enfant terrible, ni que estaba loco. Castellani, como cualquier profeta, no tenía vocación ninguna por el martirio: no era un suicida y sabía que decir lo que tenía que decir le costaría carísimo. Pero como Jonás, quiso huir, refugiarse en una vida académica, en una tranquila studiositas de biblioteca, pipa y ocio intelectual. Pero Dios no lo dejó.

El profeta confrontará las potestades seculares si falta hace, pero habitualmente no es ésa su principal incumbencia, sino el confronto con las autoridades religiosas por esconder verdades que Dios quiere luminosas, la denuncia por permitir que la doctrina se corrompa o la acusación por vivir en colusión con el mundo mientras se degradan las costumbres. Por eso el profeta -a imagen de Cristo-, a la larga o la corta, se encontrará de topada con la jerarquía religiosa. Y la historia siempre se repite. Es cuando el pueblo cae en la apostasía que Dios envía al profeta para "chillar", para corregir el rumbo. Sólo que a Castellani le tocó venir a denunciar la Gran Apostasía, posiblemente la última. Era un tipo difícil, creía inminente el fin de los tiempos y nos previno de la Gran Calamidad por venir, a nosotros, los fieles de los países del Plata, desde su ignominia, noche oscura y destierro. Y es parte no pequeña de la Gran Calamidad, que todavía, cincuenta, sesenta años después, aún no se le preste la debida atención.

-La Iglesia parece vivir hoy días de particular zozobra, que tal vez sólo puedan entenderse a la luz del Apocalipsis, libro que Castellani estudió y comentó toda su vida. ¿Se anima a conjeturar qué opinaría el padre a ese respecto? ¿O es que ya lo expresó en algunos de sus libros?

-En efecto, nos tocan vivir días tan oscuros que, por mi parte, no alcanzo a ver casi nada. Y no, ni siquiera Castellani anticipó un Papa como el que tenemos, aparte de contar con un Papa emérito. No señor. Yo me he pasado la vida leyendo a Castellani pero confieso que todo eso me sirve de poco cuando contemplo lo que está sucediendo en la Iglesia. Claro que los fenómenos antiguos que persisten, eso sí, Castellani ayuda a verlos, cosas como el fariseísmo por ejemplo, o la onda anti-parusíaca, se ven con toda claridad. Pero hay cosas nuevas como el plebeyismo y la nadeidad de Bergoglio que a uno lo dejan completamente perplejo. Porque a él, a Bergoglio, digo, ni para Anticristo le da, no señor, no le da el cuero. Y luego, él es el perfecto anti-Castellani ¿no? El jesuita que no estudió nada, que no sabe nada de nada, el progre-peronista diletante y falsificador, el amado del mundo, el irreverente y adulador del mundo al que le fue tan, pero tan bien, que llegó a Papa. ¿Qué le parece? Sí señor, es el anti-Castellani, perfecto. Y ¡sandiez! también es argentino.



lunes, 23 de enero de 2017

El diario "La Prensa" recuerda a Castellani

Cultura
Dos patriotas borrados de la historia oficial argentina
22.01.2017 |

POR SEBASTIAN SANCHEZ


"Yo no creo en encantadores pues por gracia de Dios soy cristiano a puño cerrado".
Francisco Castañeda

Diré lo que Dios me sopla
Y corríjame si miento;
El defender la Verdad
Es el primer Sacramento
Leonardo Castellani


Afortunadamente la historia de la cultura argentina es pródiga en pensadores lúcidos y buenos literatos aunque también es una crónica en exceso selectiva, de frágil y antojadiza memoria que eleva a pedestales y altares laicos a algunos y destierra al olvido a muchos otros. Sin duda entre estos últimos soslayados destaca el Padre Leonardo Castellani y también un frate suyo, figura insoslayable de la escena nacional del primer cuarto del siglo XIX.

Fray Francisco de Paula Castañeda, puesto que de él se trata, nació en Buenos Aires en 1776, el año de la creación del efímero Virreinato del Río de la Plata. Fue el primogénito de una familia acomodada y profundamente piadosa, por lo que no fue extraño que siendo un jovencito entrara a la Orden Seráfica, la de San Francisco, para iniciar la formación sacerdotal. A pesar de su natural bonhomía y su aguda inteligencia, el joven novicio tuvo algunos inconvenientes en sus primeros tiempos de seminario. Tal como él mismo narra en su periódico más conocido, Doña María Retazos, no podía combatir el sueño y éste le atrapaba en las horas y lugares más inconvenientes. A punto estuvo de ser declarado "inútil para la vida monástica" pero el maestro de novicios, veterano auscultador de almas, evitó su expulsión intuyendo que Francisco sería importante para la Orden. El año 1797 le encontró vistiendo el hábito de San Francisco como sacerdote.

Sabido es que el P. Castellani -que nació cuando moría el siglo XIX (1899) en Reconquista, Santa Fe- vistió también la sotana de una orden regular, la Compañía de Jesús, a la que ingresó en 1918. Si no tuvo problemas de sueño como Castañeda, sí se caracterizó desde novicio por una inteligencia vivaz y original. Mientras de día estudiaba a Francisco Suárez, el teólogo "oficial" de los jesuitas, de noche leía para su mayor provecho la Suma de Santo Tomás. Su singularidad e independencia de criterio, aunque sujetas por su proverbial docilidad a la Verdad, le ocasionaría al buen Leonardo no pocos problemas en la Compañía, que se agravarían con el correr de los años.

HOMBRES SABIOS

Más allá de las distancias obvias, no son pocos los paralelos vitales a trazar entre Castañeda y Castellani. Ambos se dedicaron con provecho a la literatura. Es cierto que Castellani -"género único" se ha dicho de su talento- incursionó con hondura en muchos ámbitos de la vida intelectual: a través de cuentos, fábulas, poesías y ensayos abundó sobre psicología, historia y política, homilética, filosofía y teología; pero también es verdad que Castañeda dejó una enorme obra periodística que no sólo describía "lo que pasa" sino también y fundamentalmente "lo que es".

Castellani pensó y amó a la Argentina con una profundidad inédita en esta tierra, pero Castañeda -tan amante de la Patria como el jesuita- dedicó afanosamente sus días a la vida pública o, para mejor decirlo, a testimoniar a Cristo en la vida política.

Fueron hombres sabios, de gran formación y no pocos honores académicos, y también desdeñosos de la falsa erudición, de la pomposidad estulta de los doctores, de la fatuidad del académico sonso. Por eso escribieron "en criollo", reconociéndose hijos de la tierra sin desestimar la verdad universalmente enseñada. Dominaron la ironía y la mordacidad, no con el desparpajo del comediante sino con el buen humor del sabio, y combatieron el error (cuidando siempre del que yerra) a través de la maestría en el verso, en la cuarteta audaz, la fábula sarcástica o el epigrama genial.

Castañeda fue un gran orador sagrado que pronunció bellísimos sermones patrios pero sobre todo cultivó el periodismo, al punto de corresponderle la paternidad fundacional de la prensa argentina luego de 1810. Ese honor, que le fue escamoteado para serle dado a los ilustrados iniciadores de la Gazeta, es sólo un ejemplo de las injusticias que su figura ha sufrido. Baste mencionar que fundó veinticuatro periódicos que lo tuvieron por editor y único redactor, de los cuales editó siete al unísono mientras sus ejemplares se vendían como pan caliente entre los sencillos de la ciudad. Los títulos de sus diarios fueron desopilantes y geniales: El Despertador Teofilantrópico Místico y Político; La verdad desnuda; La guardia rendida por el Centinela y la traición descubierta por el oficial de día. Y un par más, de colección: Vete portugués que aquí no es y Ven portugués que aquí es.

Por su parte Castellani escribió en docenas de periódicos y revistas, católicas y nacionalistas, laicas y republicanas, aunque no liberales. Fundó incluso una revista que hizo historia: Jauja, y se jubiló como periodista y no como sacerdote. No obstante, lo suyo fueron los libros pues, como Chesterton, escribía uno a la menor provocación. Es tarea difícil elegir unos pocos títulos de su vasta producción pero baste con señalar Cristo, ¿vuelve o no vuelve?, Cristo y los fariseos, Psicología humana, San Agustín y nosotros, Crítica literaria, Su Majestad Dulcinea, El libro de las oraciones y Martita Ofelia y otros cuentos de fantasmas.

DOS REACCIONARIOS

Puede decirse que ambos fueron reaccionarios. Castañeda ejerció su "santa ira", como dijo de él Capdevila, contra el liberalismo que -encarnado en Rivadavia y su Reforma- amenazaba a la joven Argentina. Por su parte Castellani reaccionó a la continuación de esa "tradición" liberal que, consolidada y ampliada con el socialismo, irrumpía en todos los ámbitos: la política, la familia, la educación e incluso la Iglesia. Y a los dos la "reacción" les costó persecución, destierros, odios y penurias, no pocas veces ejercidas por sus superiores.

Y por eso hay un elemento más que aúna a nuestros curas: el sistemático y malintencionado olvido al que han sido condenados. Es cierto que Castañeda tuvo unos pocos buenos biógrafos (Capdevila, Furlong, Scenna) y que Castellani también los tiene (Randle, por ejemplo o Juan Manuel de Prada, que lo editó e hizo conocer en España y - ¡ay!- también a muchos argentinos). Todo eso es verdad pero no lo es menos que ambos han sido negados, vilipendiados, borrados de la historia de la cultura argentina. Ellos, que tanto hicieron por columbrarla. Uno y otro, valientes y brillantes, mordaces y caritativos, originales y desenfadados, irreverentes con el error y plenamente ortodoxos, fueron ambos patriotas de una Argentina tantas veces ingrata con sus mejores hombres.

Castañeda murió en Paraná en 1832, mientras terminaba de construir su enésima escuela. Castellani partió en 1981, en su viejo departamento de Buenos Aires, en el que se había convertido en Ermitaño Urbano. Quizás, sólo Dios lo sabe, andarán hoy compartiendo morada, discutiendo risueños y recitando aquellos versos diamantinos del Cura Loco:

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Cultura

EL PADRE ALFREDO SAENZ RECUERDA A UN RELIGIOSO QUE SOBRESALIO POR SU TALENTO, ORIGINALIDAD Y HUMOR

Castellani, un intelectual único

22.01.2017 | Escritor multifacético, su figura excede la generalidad de los pensadores argentinos. Brilló en el comentario de las escrituras y del Apocalipsis. Su humor y sus juicios duros le causaron problemas con los superiores.

Por Agustín De Beitia

El sacerdote jesuita Alfredo Sáenz, un reconocido escritor y conferencista, con más de treinta libros dedicados a la teología, la patrística y la historia, tuvo el privilegio de conocer al padre Leonardo Castellani y mantener con él un trato frecuente durante largos años. Doctor en Teología, con especialización en Sagrada Liturgia, miembro de la Junta de Historia Eclesiástica en Argentina, Sáenz recuerda en este diálogo con La Prensa la figura del autor de El Evangelio de Jesucristo y su aporte teológico.

-¿Cuándo conoció a Castellani? ¿Cuál fue su relación?
-Oí hablar de él cuando era niño. Había en mi familia una gran admiración por sus libros. Pero lo conocí muy tardíamente. Me llevaba más de 30 años. Cuando entré a la orden sabía de él pero de lejos. Había leído ya Camperas, esas fábulas tan lindas que él escribió. Una vez pasó por la pensión donde yo vivía como novicio. "Ahí va Castellani", comentó alguien, y nos quedamos mirando.
-¿Cómo era él?
-Era un hombre muy original. A veces, por este motivo, no caía en gracia entre los superiores. En una época de gran severidad en la forma de vestir él se ponía un cinturón de cuero sobre su sotana y andaba con botas. Decía que era para no mojarse los pies y no resfriarse. Tenía respuestas ocurrentes, medio absurdas. Era juguetón. Con el tiempo lo conocí más y leí todo lo que escribió. El me conoció cuando yo estaba en el seminario de Paraná. Después lo llevé allí a dar charlas.

TIMIDEZ

-¿Mantuvieron una relación desde entonces?
-Yo venía a Buenos Aires todos los meses para estar en contacto con mi orden. Era el "71 o "72. Y cada vez que venía lo iba a ver. Era un ritual. El vivía entonces en Constitución, en la calle Caseros, en un departamento en el sexto piso. Ahí conocí al Castellani íntimo. La primera vez que fui, lo recuerdo muy bien, me resultó desagradable. Fue por su timidez. Sus respuestas fueron casi monosílabos. Después él se soltó y pudimos tener largas conversaciones. Algo que me sorprendió es que era un completo inepto para cuestiones prácticas. Ni el café se preparaba. Era un hombre intelectual. Tenía un escritorio allí, una biblioteca magnífica. El escribió de todo, como se sabe. Escribió de teología, de filosofía. Era un hombre universal, multifacético. Un singular. Tenía un gran humor. El nuevo gobierno de Sancho es una obra buenísima. Hace pasar frente a Sancho, que tiene la sabiduría de un hombre muy humilde, al tanguero, al filósofo chanta, y este los va dejando en ridículo con preguntas. Pero hay que señalar una limitación. Castellani había hecho un relevamiento muy grande de la Iglesia preconciliar. Pero hasta su muerte no se metió con lo que pasó después del Concilio. Siempre me llamó la atención.
-Iba a preguntarle qué dijo él al respecto, siendo el Concilio un momento decisivo en la vida de la Iglesia...
-Cierta vez le propuse que hiciera un nuevo libro de Sancho haciendo pasar a figuras actuales: a profesores de escritura, con todas las macanas que dicen, a profesores de filosofía actuales. Se quedó mirándome en silencio.
-Castellani tuvo una relación conflictiva con su orden, fue amonestado y en 1949 expulsado como jesuita y suspendido "a divinis" hasta 1966, algo muy traumático para él. ¿Puede haber influido ese drama personal en su silencio sobre el tema?
-No creo que eso haya pesado entonces. El ya estaba viviendo en la calle Caseros y ahí no lo molestaban mayormente.
-¿A qué lo atribuye, entonces?
-El motivo no lo conozco. En sus libros siguió criticando asuntos y figuras preconciliares. Llegué a creer que estaría gastado... Siempre fue para mí misterioso.
-De la Iglesia preconciliar saltó al Apocalipsis, donde señaló las miserias de la Iglesia, ¿no es así?
-Sí. De eso habló, ciertamente. En mi libro El fin de los tiempos y siete autores modernos lo señalo. El no fue el único que habla de las dos bestias del Apocalipsis. La primera, el Anticristo, sería una entidad política. Esto lo dice Castellani. También Pieper. Otros autores sostuvieron que será una mentalidad que se hubiera impuesto a toda la sociedad. Pero una cosa no es excluyente de la otra. Puede ser una mentalidad encarnada en una autoridad política, en un orden mundial. Castellani señala que la primera bestia será un hombre que solucionará los problemas económicos, políticos, sociales, y que dará una felicidad inmanentista en el mundo. La segunda bestia, el dragón, que es el demonio, sería el sector adúltero de la Iglesia. El dice que tendrá una apariencia mansa, y que tiene razón Pieper en que encarnará la propagación pública y sacerdotal de los proyectos del Anticristo. Sería un sacerdote o un cardenal. Y sería la cuota seudo espiritual que se uniría a lo político. A juicio de Castellani su principal misión será la adulteración de la religión. No cree que se perderá la fe, pero sí se verá gravemente afectada. Todas las energías del demonio estarán concentradas en pervertir lo que es específicamente religioso. Esto lo expone, entre otros libros, en Su majestad Dulcinea.
-¿Diría que su conocimiento de la palabra de Dios fue muy profundo?
-Si. Tiene comentarios importantes, como El Apokalypsis de San Juan, El Evangelio de Jesucristo, un libro importantísimo. Sus sermones, en cambio, no eran tan buenos. Los gozaba quien era inteligente. Había cosas que las decía rápido y a muchos se le escapaban. El era desigual. Cada tres páginas tenía una genialidad. El resto era un poco vulgar. Era muy libre y salía con muchas cosas.
-¿Cómo medir la relevancia de sus escritos?
-En 1990, en una conferencia en honor a Castellani, el cardenal Quarracino, dijo de él cosas muy lindas. Dijo que fue un género único, por la multiplicidad de sus lecturas, su poder de síntesis, su estilo, su capacidad de poner en claro problemas muy abstrusos, su gracia tan particular, y llegó a considerarlo uno de los grandes talentos que regaló Dios a nuestro país. También recordó su vida dolorida, su inquebrantable fe y su amor por la Iglesia, pese a que alguna vez se lo consideró un rebelde. Y, claro, es cierto. Castellani a veces emitía juicios muy duros. Era difícil. Se divertía siendo desobediente. Una vez, por ejemplo, escribió un libro y en el prólogo ponía algo contra el cardenal Copello, que era arzobispo de Buenos Aires. Se burlaba. Como una bufonada. Tenía esas cosas. En las novelas ponía personajes reales, cambiándoles apenas una letra. Era muy obvio. Hay un padre que se llamaba Cravi y él decía: "ve la paja en el ojo ajeno y no ve la Cravi en el propio". Cierta vez, hablando de que la caridad debe empezar por los más cercanos, dijo: "si yo voy en un bote con mi madre y el padre Cravi, y se desata un temporal, yo salvo a mi madre". Cosas así. Era como un niño travieso. Quarracino dijo sobre esto: "su cólera era la efervescencia de su caridad".

DISPARIDAD

-¿Fue una mente superior, como suele repetirse?
-Una mente superior, sí, que excede la generalidad de los intelectuales argentinos.
-¿Y en términos teológicos, exegéticos?
-No todo es igual. Creo que en términos exegéticos no tanto. No dominaba el hebreo. No sé si era su fuerte. Sí, en cambio, el comentario a la escritura, pero más bien el comentario sapiencial. Los comentarios de los padres de la Iglesia son bellísimos. Son como iconos verbales. Castellani tiene esa forma que es muy linda.


ACTUALIZACIÓN (24/01/2017): Subimos copias de los artículos tal como fueron publicados en la edición impresa del suplemento cultural de La Prensa del pasado domingo 22.


 

viernes, 25 de noviembre de 2016

El micrófono de Dios

En alguna oportunidad, Castellani se refiere al P. Riccardo Lombardi S.J., quien fuese apodado "il Microfono di Dio".
[Sobre el estado actual de la Iglesia] ya ha hablado el padre Lombardi, en un librote titulado Pío XII: Per un mondo migliore que está en nuestras manos; el cual Lombardi, "il microfono di Dio", aunque no esea santo de nuestra devoción, "propala" aquí varias cosas excelentes, entre ellas una amplia revisión del armazón externo de la Iglesia, que parece —y está— hoy día carcomido en tantas partes.

"La introducción más y más larga y directa de los laicos en la ciudadela eclesiástica, tan celosa hasta hoy de la exclusividad de sus poderes", exclama el orador italiano, tesis que tiene por autor primero al excelso poeta francés Paul Claudel. En suma, en vez de que los sacerdotes se "entren" de obreros, que los obreros hagan un poco de sacerdotes, en ese gran "senado de católicos" que él propicia. También él hace notar que el manejo impersonal de los asuntos eclesiásticos por una burocracia mecánica y ciega puede producir males espantosos, como produjo el resentimiento y la caída reciente de una gran teólogo alemán ¡y no uno solo a osadas!, idea que en sus dos librotes Pío XII per un mondo migliore y Per un mondo nuovo propala el porvenirista "il microfono di Dio", con bastante malhumor de la prelatura vaticana, pero con el auspicio directo de Pío XII, según leemos en periódicos italianos. ["Los curas proletarios", Dinámica Social, nº 45 (Bs. As.: mayo de 1954); reproducido en Seis ensayos y tres cartas (Bs. As.: Dictio, 1978).]
En su curso sobre Psicología Humana, sigue diciendo Castellani:
El temor que cubre nuestra época se desahoga a ratos en espasmos de euforia y de esperanza, basadas en la superstición. Prosperan los pseudo-profetas, los profetas eufóricos, sacerdotes o no sacerdotes; y sacerdotes de la religión o sacerdotes de la Ciencia, que es hoy día la verdadera religión de las masas. Por aquí anduvo un sacerdote muy elocuente y afamado, el P. Lombardi, a quien yo tengo por pseudo-profeta, que tiene grandes éxitos en las masas italianas predicándoles un siglo de paz, de dicha y de bienandanza basado en el democristianismo, en la bondad o en la bondadosidad (que no es la caridad) y en el Primado de Italia, “il primato italiano”; nación según él elegida por Dios para dominar al mundo, por lo menos en lo religioso. [En cuanto a Lombardi, si macaneó aquí todo lo que quiso, fue porque yo no estaba: o si estaba, estaba sin los medios de ladrar. Yo soy el perro guardián para estos casos; el perro de la Iglesia Argentina por lo menos (Tachado en el original).] 
Y más adelante,
Cuando yo estaba en Roma en 1947, el P. Lombardi proponía una Cruzada de la Bondad aplaudida por todas las revistuchas y diaruchos de Europa, que haría él con otros doce Apóstoles, elegidos de todas las razas y lenguas del mundo, vestidos de blanco y en un aeroplano blanco con un piloto negro. Recorrerían todos los Luna Park del mundo predicando la bondad, todo lo cual se inició con una gran colecta; y terminó lo mismo que la ascensión a la estratósfera del P. Puig y el Mayor Olivera, y la gran colecta de los 10.000 pilotos, y otras grandes colectas. Esto es romanticismo religioso, y como en el mundo hay muchos vivos, siempre hay alguno que se aprovecha del tango de modo contante y sonante.” [Psicología Humana, (Mendoza: Jauja, 1996).] 
Pero donde se despacha realmente es en Los Papeles de Benjamín Benavides, donde lo llama Milanesi.
Leyó el folleto L’Italia di rimpetto ai nuovi tempi del padre Milanesi —creo que este apellido que don Benya usa es, en realidad, Lombardi— y escuchó por radio a este célebre orador dos veces. Organizaron en el camp una solemne audición para todos los prisioneros y asistió el teniente italiano, el capellán y todos los guardias. Éste era un predicador que “hacía furor” en este tiempo en Italia, recorría Italia y llenaba de oyentes los teatros. Al viejo no le gustó nada. En el cuaderno que tengo hay dos fragmentos, del 27 de febrero y del 2 de marzo de 1947 que voy a copiar y que expíe san con todo desenfado la impresión y el juido que le mereció. ¿Qué mal puede hacer ya ahora a don Benya el que eso se conozca?
Sigue luego en Los Papeles un largo comentario sobre el panfleto, calificando a "Milanesi" de pseudoprofeta por prometer el triunfo temporal de la Iglesia y, finalmente, continúa con una digresión sobre la democracia cristiana.

En una carta del 9 de mayo de 1951, en los fragmentos reproducidos en Psicología Humana por el P. Biestro, Castellani vinculaba a Lombardi con Teilhard de Chardin y, agrega, "es muy posible que el Lombardi lo haya ayudado con su prestigio en Roma, pues el francés fue llamado a Roma por Janssens (el entonces General de los jesuitas y salió triunfante." 

Finalmente, en "El centenario de un libro", en Nueva Crítica Literaria, sale en defensa de Kirkegor contra Sciacca, Lombardi y otros muchos.



Pero, ¿quién era el Padre Lombardi? 

Riccardo Lombardi nació en Nápoles el 28 de marzo de 1908. Cuando nace Riccardo, su padre el ingeniero piamontés Luigi Lombardi era profesor titular de Física Técnica en Nápoles. Su madre, por otra parte, era fundadora del movimiento "Bimbi di Via" (para niños de la calle) y del "Apostolato della Culla" (para niñas madres). Posteriormente, en 1922 se mudarán a Roma, donde el padre será docente de electrotécnica en la Real Escuela de Ingeniería y, más tarde, senador del Reino, y la madre presidente de la rama femenina de la Acción Católica. Allí, el joven Riccardo estudió en el Liceo Clásico Torquato Tasso y luego en la Facultad de Jurisprudencia. Pero tras una breve crisis psicológica, entra en el noviciado jesuita de Frascati en 1926.

Lombardi se graduó en filosofía en la Universidad de Roma con una tesis sobre Santo Tomás de Aquino y el pensamiento crítico. Ordenado sacerdote en 1936, pasa a Florencia y, luego, a Roma, inscribiéndose en la Gregoriana. Se destacó como orador y argumentador, y el general de la Compañía de Jesús, Ledochówski, lo sumó a la redacción de la Civiltà Cattolica.

Tras graduarse en teología en la Gregoriana en 1943, tuvo a su cargo la crítica de los filósofos contemporáneos para la afamada revista de los jesuitas italianos. Allí, en 1944, en tres números, publicó su reseña sobre Kierkegaard y el Exitencialismo a que se refiere Castellani más arriba.

También sus superiores le encargaron tournées de conferencias. En Lucca, en aquellos años, conoció a Gilda Maggiorini, hermana secular del instituto Regnum Christi, carismática y de fama taumatúrgica, que influyó no poco en el Padre Lombardi.

En 1945, desde La Civiltà Cattolica, sostuvo una polémica con el P. Togliatti quien imaginaba un acuerdo entre comunistas y católicos para la reconstrucción moral y material de la Italia de postguerra. Sus artículos "anti comunistas" fueron reproducidos y repartidos por toda Italia en números inmensos. Incansable, recorrió teatros e iglesias por todo el país, hablando contra el comunismo, lo que le ganó gran popularidad. Y fue, sin duda, instrumental en la victoria de la democracia cristiana en las elecciones generales del 2 de junio de 1946.


A partir de ese momento, quedaría ligado al movimiento de la "Terza Via" que, siguiendo los lineamientos sociales de la enseñanza de Pío XII, buscaba desarrollar un programa social y político equidistante del capitalismo y del comunismo. 

El 11 de enero de 1947, pocos días después de la llegada de Castellani a Italia, Lombardi fue recibido en audiencia privada por el Papa. Le presentó un plan de movilización general de los católicos que fue aprobado por el Sumo Pontífice. Al mes, el jesuita-orador comenzó sus transmisiones radiales. El fuego de su oratoria, intercalada con la frase "Gesù mi ha detto", lo hizo conocido con el sobrenombre irónico de "il microfono di Dio".

En febrero de 1948 comenzó la Crociata della Bontà, coordinada entre Lombardi y la Acción Católica Italiana. Lombardi, con su discípulo, el también jesuita Virginio Rotondi, predicaron en toda la Península contra el comunismo. En marzo, en Milán, en la plaza de la catedral, llegó a reunir más de un cuarto de millón de personas.

 

Su actividad radiofónica, así como sus "misiones" de predicación, tuvieron indudable influencia en la victoria demócrata cristiana del 18 de abril de 1948. El 5 de mayo es recibido en audiencia por el Papa. Su biógrafo, el P. Rotondi S.J., afirma que Lombardi expresó al Papa, en tono profético, que si éste quería detener una revolución comunista sangrienta en Italia, debería renovar pacíficamente la Iglesia. Una semana después, el P. Lombardi presentó a la Curia un "Proyecto de Renovación de la Iglesia".

Pocos días después, en un discurso en Ara Coeli, se refirió a los excesos y venganzas cometidas por algunos exponentes de la resistencia antifascista. Fue querellado por la Associazione Nazionale Partigiani d'Italia, pero aunque ésta fue archivada, la polémica en la prensa fue demasiado importante. En diciembre del '48, el general jesuita Janssens lo intima por orden del Papa a no volver a referirse a cuestiones políticas, no ocuparse del comunismo y limitarse a tratar argumentos religiosos.

Entre 1949 y 1951, la Cruzada de la Bondad estuvo de gira por el extranjero, en Europa, los Estados Unidos y América Latina (a ese viaje se refiere Castellani). Pero, mientras tanto, en Italia, era alejado de la redacción de La Civiltà Cattolica, donde su tono "apocalíptico y populista", había cosechado muchos rechasos.

A su regreso a Italia, trabajó en un "Plan para Italia", al que sumó políticos como Medi, Giordani, Pastore, Gonella, Gedda, Dossetti y (hasta) De Gasperi. En ocasión de la proclamación del dogma de la Asunción de la Virgen María, predicó ante unos 400 de los 622 obispos de todo el mundo que se habían congregado en Roma.


Parece que el Papa pensaba en consagrarlo obispo y nombrarlo sucesor de Marchetti-Selvaggiani como vicario de Roma. Pero el libro de que habla Castellani más arriba, Per un mondo nuovo (Roma: 1951), donde proyectaba una reforma integral de la Iglesia y de la sociedad, provocó que se alzasen voces en contra en el mismo Vaticano.

En 1952 estuvo trabajando en la formación de una alianza electoral entre los democristianos, los monárquicos y el neofascista Movimento Sociale Italiano con la candidatura del viejo dirigente católico Luigi Sturzo. La "operación Sturzo" falló y Pío XII pidió a Lombardi que era tiempo de dejar su lugar.

Sin embargo, Pío XII seguía "encantado" y, contra la recomendación de los superiores jesuitas, bendice la fundación del Istituto "Per un Mondo Migliore" en la villa Mondragone, cerca de Frascati. 

Según el P. Rotondi, Lombardi participó en el "complot" que provocó el alejamiento de M. Rossi de la presidencia de la Acción Católica y de Montini de la Curia romana, favorables a un acuerdo entre católicos y socialistas.

Por aquellos años, su instituto comenzó a preparar a misioneros focolares que, según los proyectos de Chiara Lubich, se infiltrarían en los países comunistas. Simultáneamente, Lombardi y su obra se mudaron a Rocca di Papa, al norte de Albano.

Con Juan XXIII, Lombardi cayó en desgracia. En 1960 le exigió perentoriamente la explicación de las fuentes de financiamiento del instituto, el movimiento y sus misiones con su movimiento millonario de dinero. A fines del año siguiente, tuvo una audiencia con el Papa que no fue buena; sólo pudo entregarle una copia de su proyecto de reforma eclesiástica para que fuese tenido en cuenta en el Concilio próximo.

El proyecto fue impreso como libro, Concilio: Per una riforma nella carità, y distribuido entre obispos de todo el mundo con una nota donde se hacía creer que el mismo coincidía con las ideas del Papa. La Compañía de Jesús secuestró el libro e impidió su traducción, y el maestro del Sacro Palacio, Ciappi, publicó un artículo (Verso il Concilio in unione col Romano Pontefice, 11/I/1962) donde afirma que el escrito de Lombardi no tiene ningún valor más que el de una opinión privada y personal.

A pesar de lo que pensaba, Lombardi no fue convocado como perito al Concilio. Apenas electo, Pablo VI nombró al cardenal Antoniutti como interventor del Istituto Per Un Mondo Migliore y en 1965 será puesto bajo la autoridad directa de los superiores jesuitas (y en 1975 fue cedido al sacerdote español Juan Pedro Cubero).

Por aquellos años, Lombardi viajó por América Latina y el Lejano Oriente, predicando misiones. Murió en Rocca di Papa, en la sede del Mondo Migliore, el 14 de diciembre de 1979.









jueves, 20 de octubre de 2016

BREVE SEMBLANZA DEL PADRE LEONARDO CASTELLANI


P. Fr. Domingo Renaudiere de Paulis O.P.

Quisiéramos buscar una raíz oculta, un camino que nos parece luminoso y crepuscular, para señalar y nombrar, tal vez lejanamente, la clave, si la hallamos, de la vida sacerdotal del Padre Leonardo Castellani.
Y la buscamos en aquello que es propio del sacerdocio cristiano, del sagrado ministerio sacramental. Es lo propio del sacerdocio, y es aquello que hoy puede perderse o viciarse, que piense, que medite, que hable, que escriba como sacerdote. Todo lo demás en el sacerdocio de Cristo es accidental y ocasional y huyente como sombras.
Y lo propio del sacerdote es su sensus theologicus; su sentido e inteligencia de Dios: por eso es el Sapiente.
Y esa inteligencia de Dios y de las cosas de Dios la tenía el lúcido sacerdote y ex jesuita Castellani. Y la tenía en la medida grande y desbordante, y diversa y múltiple y vasta, envuelta en la arcilla del hombre que somos, viador especular y enigmático, según el decir de Pablo de Tarso.
Esa medida rebosante llevaba en él demasía, o una fuerza alta de desmesura, una desatada inteligencia de Teólogo, el sapiente de Dios Uno y Trino, que eso es el Teólogo en puridad de amor y de lumbre.
Y Castellani era un ser teológico en demasía, en el exceso de la sabiduría, aunque a veces otros afanes hayan podido encubrir esa faz esencial de su noble alma.
Quienes fueron sus superiores en la Compañía de Jesús, o sus hermanos ignacianos, o sus simples hermanos y amigos en el sacerdocio o fuera de él, quisieron muchas veces atarlo, limitarlo, sofrenarlo, dominar aquello que nosotros llamamos su don teológico de la demasía y terminaron, a fuerza de celo añejado en viejos odres, encarcelándolo, desterrándolo, y echándolo y enmudeciendo al sacerdote que nada puede decir, nada, oh, Dios mío, si le arrebatan la Misa Santa y la enseñanza de la sabiduría. Y lo hicieron con el cruel y nocturno sigilo de las hienas. Y lo lograron. Y no lo lograron. Y en mucho, Y en poco. Y en nada: el don de demasía era más poderoso que la muerte. Y lo será siempre en el verdadero sacerdote de Cristo.
Lo aherrojaron, pero cedieron los muros de la Manresa de don Iñigo, de donde lo libró un fiel sacerdote amigo, si los hay. Lo amordazaron, sin verbo sacramental; y pudo abrir de nuevo sus labios dignos y celebratorios; vilipendiado, abandonado, venció como se vence en la milicia de la tierra, en él de estirpe guerrerignaciana, con sangre y con sollozos y con dolor hasta morir con muerte de Hierurgo.
Escucha, hermano Leonardo: ese rumor atroz de cielos y arenas es el desierto, es el viento de la noche en las fauces y en los ojos de ámbar y de azogue en los chacales. Yo conozco, hermano Leonardo, oh triste, oh suave, oh pura ciencia de las tinieblas de Dios, esas mismas nubes aciagas de la soledad y del escarnio. Sí, tú lo sabías, sapiente hermano, tú sabías bien, que eso es el saber tenebrescente, que al hermano Caín no se lo puede castigar: su pena y su vindicta es un manjar de Dios, no es de los hombres.
Como a tantos, quisieron que nuestro Jerónimo del Rey no enseñara, que no tuviera cátedras, que no formara inteligencias lúcidas en el hermano Tomás el Aquinate; pero tampoco pudieron en esto. Los tristes, los desdorosos, los ramplones maestrillos de la gran caterva innumerable, arden en la oscura envidia clerical, pócima de hieles y de azufres, que los hace, como quería el audaz Rabelais, sorbonagros de raza. Linaje de la bastardía intelectual universitaria en la hibridez de los asnos salvajes, los fuertes onagros, y la Sorbona docta que condena a Juana de Arco.
Y en su don de demasía teológica fue Castellani un reiterado milenarista, que él dice serlo, y con sinceridad, milenarista espiritual y lacunziano mejorado; y con un toque extraño, paradojal, de Joaquín de Fiore en la idea del Evangelio Eterno.
¿Y qué es esto, sobre todo su milenarismo? Es la utopía teológica que lo cercó.
Buscaba la amada edad de oro que alienta en todo sacerdote que quiere a Cristo y lo ama en el fervor y en la tarde. Buscó ardiente, desbordado, ímpetu certero, denodado, un ámbito donde morar con la letra pura de las Escrituras y beber el jugo y la aguamiel de la Palabra de Dios.
Toda su alma está en esa diversa, jocodoliente saga teológica de su vida, en esos centellantes papeles de Benjamín Benavídez que lo atenazan y lo levantan hacia una tierra nueva y un nuevo cielo. Su nacionalismo, como debe esperarse de todo nacionalismo puro, brotó de esa utopía sagrada, de ese retorno al Huerto de las Delicias halladas y perdidas. Buscaba con el más hondo instinto teologal de la fe, el Reino; y esperó en el Milenio de Cristo y lo auguró en su tenaz ardor de un hijo de San Ignacio para siempre.
¿Quién no levanta alguna vez esta tristeza de los abandonos y del pecado hasta esperar, contra toda esperanza, en la edad dichosa de la dorada realeza del Ungido? ¿Quién no hiere de muerte su vida para sentir en el desgarramiento un vuelo de alondra y un gemido que crece en águila real, alucinada de soles y tormentas?
¿Quién herido de fulgor zahorí no tiene en su sangre siquiera un adarme de ebriedad en el Espíritu; y ese toque de centella, ese incendio claro, oloroso de todos los jardines plantados hacia Oriente, que es el dulce y doliente don de la sagrada demasía? Es santo, ardientemente santo, perdernos en las palabras imprecantes de los profetas y las sibilas del Enigma. Y en el balbuceo de los labios heridos en el destierro indecible del errabundo Adán herido y mendicante.
Ya está bien, hermano Leonardo, ya está bien. Te llamas Leonardo, te llamas Jerónimo, te llamas Ruiseñor. Todos tus nombres te dicen y te ocultan, te sugieren y huyen: es la palabra herida del hombre que multiplica en las invocaciones las sombras luminosas que todavía no son el Nombre-sobre-todos-los-Nombres.
Ahora en lo alto, en la lumbre que es desmesura exacta y pura, sabrás que la medida, el número y el peso es una llama que viene de la indecible infinitud, de la Eterna y Bienhadada Demasía del Logos. Y allí estará tu Evangelio Eterno, que has amado, abierto, claro, desatado para siempre.
Y el Cordero que fue tu lámpara y tu Víctima. Ya está bien, fiel hermano Leonardo, todos hemos visto alguna vez, un aire deslumbrado en las tinieblas y en los fuegos de la Noche. 

5-6 de Mayo de 1984


lunes, 3 de octubre de 2016

La Argentina, nación católica mistonga


Algo así pasa con la nación argentina. Como nación. En su conjunto es católica mistonga, tiene una especie de cristianismo de tango; sin que esto signifique que no haya en todos los estratos sociales --sobre todo en el pueblo-- algunos cristianos bien legítimos; y también bien ignorados u oprimidos a veces.

El cuadro del catolicismo mistongo es algo que requeriría un libro, que yo no he de escribir. Baste decir aquí que la plebe tiene una tal incultura religiosa que su religiosidad frisa la superstición y el fetichismo; las clases cultas un cristianismo tan adulterado que su religiosidad frisa la herejía naturalista (deísmo, protestantismo, modernismo) y el clero tan poca fe sobrenatural y formación teológica que su religiosidad frisa el fariseísmo, o al menos el funcionalismo, que es su primer grado. La proporción de sacerdotes funcionales (cosas que funcionan, funcionarios) comparada con los sacerdotes carismáticos (sacerdotes que enseñan la fe) aunque no se pueda reducir a estadísticas, sabemos que es muy grande.


lunes, 22 de agosto de 2016

"Aquí yo debo pronunciar mi testamento"

 

Palabras pronunciadas por el padre Castellani en la cena que se le ofreció el 5 de diciembre de 1970 con motivo de cumplir sus 70 años de vida y sus 50 de escritor

Lo primero que debo hacer es agradecer esta gran manifestación de amistad, grande en cantidad y más aún en calidad. Esto significa algo, nosotros queremos que signifique algo. Tuve que aceptar este homenaje más por el bien común que por mi propia vanidad. Eso de “homenaje” parece cosa más bien de Rotary Club o La Nación diario en su centenario. Pero recordé que Cristo aceptó un homenaje; aunque lo aceptó como preparación para una buena muerte; y dijo defendiendo a la mujercita que le echaba aceite sobre los pies y se los enjugaba con su cabellera —cosa difícilmente agradable— que la dejaran hacer, porque eso significaba que Él ya estaba muerto. Del mismo modo aquí yo debo pronunciar mi testamento. O para no ser romántico, mi despedida. [Seguir leyendo...]

martes, 21 de junio de 2016

Paralelismos entre Castellani y el Papa Francisco, según Eulogio López

Entre Castellani y Francisco. La guerra del Siglo XXI, la guerra mundial de ahora mismo

Entre Castellani y Francisco. La guerra del Siglo XXI, la guerra mundial de ahora mismo
  • Guerra por partes y guerra, no entre países, sino entre continentes unificados.
  • Misiles atómicas, bombardeos desde el aire, drones… todo parecía estar previsto desde finales del II Guerra Mundial.
  • Y es que los hechos son tercos pero la historia es lógica: de lo uno sale lo otro.
  • El hombre es libre pero sus actos siempre tienen consecuencias, que nunca reniegan de sus causas.

Ya he dicho que el Papa Francisco, y no ningún cavernícola, repite que ya vivimos la tercera guerra mundial, sólo que por etapas y por zonas, pero global en odio, profusión y combinación de conflictos. Cuánta razón tiene.
Pero cuando esto dice, se toma a Francisco por una especie de poeta o, al menos, un amante de la metáfora, cuando lo que dice es cruda realidad, rigor matemático.
Pues bien, el también argentino y también jesuita Leonardo Castellani (en la imagen), apenas conclusa la II Guerra Mundial, lo explicaba así: las armas, casi futuras, que llevarían de la II a la III guerra global: la aviación fulminante, es decir, la clave fulminante del Occidente actual, los robots explosivos (Castellani se adelanta de esta manera a los drones), la bomba atómica (entonces no se hablaba de misiles, pero es lo mismo), la conscripción en masa, incluidas las mujeres (es la clave del tercer mundo en 2016), la compulsión a entrar en guerra sobre naciones pequeñas (véase el conflicto sirio)…
Y una última aportación castellaniana: no será de guerra de naciones sino de continentes unificados (¿el Islam contra Europa?).
Sí, para mí que esta pareja (Castellani y Francisco), con su habitual brillantez argentina ni estaban ni están desencaminados.
Y es que los hechos son tercos pero la historia es lógica: de lo uno sale lo otro. El hombre es libre pero sus actos siempre tienen consecuencias, que nunca reniegan de sus causas.
Eulogio López
eulogio@hispanidad.com

lunes, 6 de junio de 2016

Castellani en francés...


LIBERALISME


par Leonardo Castellani

castellani 3

Jean-Jacques Rousseau dit qu’à sa naissance, l’enfant crie : « Je ne veux pas qu’on me lange [1] ! ». Il prononce qu’on me lange avec un léger accent lunfardo [2] ; il ne dit pas qu’il ne veut pas qu’on le frappe, ce qui serait tout à fait naturel, mais qu’il ne veut pas qu’on l’enveloppe dans des langes. Tant pis, on l’enveloppe quand même. « Les hommes naissent et demeurent libres et égaux » dit Rousseau. C’est ainsi qu’ils naissent, mais ils ne le demeurent pas ; malheur à eux s’ils le demeuraient ! Sans attendre, avec un pervers instinct antilibéral, les mères s’empressent de nouer toute sorte de liens entre elles et leur bébé ; et notez au passage que le mot liens signifie chaînes en latin.


viernes, 20 de mayo de 2016

Suarismo

EL SUARISMO, SEGÚN CASTELLANI

[http://aladerecha.com.ar/?p=425]

220px-Franciscus_Suarez,_S.I._(1548-1617) 

“Un padre le deja de herencia a su hijo una casa y una tuberculosis; la casa es tradición, la tuberculosis no es tradición.

No. Ni la Colonia, ni la Organización nacional de 53 crearon aquí una filosofía con pensamiento original; y lo que es más, ni siquiera una filosofía continuada y permanente con cualquier pensamiento, aunque sea ajeno. Este fenómeno se explica de la siguiente manera: el suarismo fue la primera metafísica que aportó a nuestras playas,, cuando en Norteamérica todavía estaban cazando indios con Winchester y leyendo la Biblia, puesto que fuimos adultos antes que ellos, y quizás fuimos adultos antes de tiempo, con una adultez importada y prematura.

El suarismo fue la primera metafísica que aportó a la colonia, el primer reflejo de la filosofía europea que hubo en la Argentina. El suarismo fue, por decirlo así, la filosofía oficial del gran imperio español, y penetró con las armas españolas en Italia, en Germania y en toda Hispanoamérica: fue la filosofía de la Contrarreforma, una especie de arreglo ecléctico de la primera escolástica. Francisco Suárez, granadino, profesor en Coimbra, hizo una especie de gran compilación sistemática de la filosofía cristiana con el título de DISPUTATIONES METAPHYSICAE, tomando nominalmente como base a Santo Tomás de Aquino, pero introduciendo en su sistema tesis enteramente inconciliables de Guillermo Occam y Duns Scoto que simplemente-para decirlo sin ambages-rompen el espinazo de la doctrina metafísica de Santo Tomás.


Francisco_Suarez_(1590)_Commentariorum_ac_disputationum_in_tertiam_partem_divi_Thomae (1) 

Estas tesis son principalmente cuatro:
  1. La no distinción real entre la esencia y la existencia.
  2. El conocimiento intelectual de lo singular antes que de lo universal..
  3. El voluntarismo: distinción real del intelecto especulativo y el práctico; predominio del intelecto práctico
  4. La aptitud de existir de la materia sin la forma.
En otras muchas tesis particulares se apartó Suárez de Santo Tomás; pero estas que he nombrado son tesis fundamentales, de modo que configuran un sistema metafísico-o por mejor decir una metafísica y coherente y sin sistema- enteramente distinta y aún contraria a la de Santo Tomás; de manera que llamar al suarismo tomismo español o tomismo jesuita o tomismo moderno o tomismo de cualquier manera, es un simple equívoco; y decir que Suárez es “el mayor comentador de Santo Tomás”, es una cruda falsedad.

Suárez, lo mismo que Duns Scoto, no fue un comentador ni un discípulo sino un émulo de Santo Tomás; y siendo de poca potencia metafísica, es decir, mediocre como filósofo, intentó construir una “filosofía moderna” acogiendo la cantidad de corrientes divergentes y antitradicionales que habían tomado auge en el Renacimiento, corrientes que no llegó absorber ni a asimilar del todo.

Cualesquiera sean su méritos como teólogo y como jurista, su obra filosófica es endeble, es ecléctica, es invertebrada, no está iluminada por el sol de una intuición del Ser- lo que es propio de todo gran metafísico- sino que es un mandamiento o combinación de tesis que no pueden fundirse entre sí en una gran intuición. La decadencia de la escolástica no cesó con Suárez como como se suele decir; sino que Suárez es el producto más notable de esa decadencia. La decadencia de la escolástica viene desde el siglo XIV, desde el olvido y la negligencia en que se dejó la obra genial del príncipe de la Escolástica, Tomás de Aquino, y Suárez transformó esa negligencia en falsificación”.
(Seis ensayos y tres cartas, Ediciones Dictio, Buenos Aires,1978,pp.94-96)

 

miércoles, 11 de mayo de 2016

"Prólogo" a un libro de Edmundo Vanini

[Gentileza Vórtice.]






Datos de portadillas y pie de imprenta

EDMUNDO VANINI
58º
2ª edición aumentada
Prólogo de Leonardo Castellani (pp.9-12)
y un estudio de Monseñor Gustavo J. Franceschi
sin editorial / impreso en los Talleres Gráficos de la Escuela de Artes y Oficios “San José” Obra de Don Orione
Buenos Aires, 26 de julio de 1945
en p. 6: “El autor cede toda esta segunda edición a beneficio del pequeño Cottolengo Argentino Obra de Don Orione”

miércoles, 4 de mayo de 2016

"Palabras introductorias" a un libro de Ludwig Kösters

[Gentileza Vórtice.] 









Datos de portadillas y pie de imprenta:
LUIS KÖSTERS S. J., Profesor de Teología fundamental
LA IGLESIA DE NUESTRA FE. Fundamento teológico de la doctrina católica
versión de la 2ª edición alemana por el Profesor Juan Armelín S. J.
con palabras introductorias del Profesor Leonardo Castellani (pp.V-X)
Herder y Cía, Friburgo de Brisgovia (Alemania)
Imprimi potest 30-09-1938, Tomás J. Travi (Prepósito Provincia Argentina)
sin pie de imprenta, salvo la indicación de tipografía alemana de Herder & Cía.
presumo Bs. As. 1939/1940