Punto de encuentro de todos aquéllos que estén interesados en vida y obra del Padre Leonardo Castellani (1899-1981)

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jueves, 23 de agosto de 2012

Sobre Nimio de Anquín y la originalidad del verdadero filósofo



Filósofos no son los que repiten ideítas o esquemitas o sistemitas de otros, autobautizándose filósofos por ello, sino el hombre capaz de pensar la realidad presente y digerirla en proposiciones abstractas claras (sistemáticas) convincentes (demostrables) y practicables (vitales)...

Tal es Nimio de Anquín, el laborioso doctor cordobés... 

El filósofo antiguo no era un charlatán ni un repetidor pagado sino un carácter, un varón que vivía sus ideas y que hincaba su vida como una cuña delante de la brutalidad de los déspotas o la imbecilidad de las turbas. 

El valeroso y tranquilo de Anquín, que por mucho que escriba no será nunca nimio, recuerda aquellas grandes figuras, un Heráclito, un Boecio, un discípulo de Donoso Cortés mucho más filósofo y menos orador que el maestro.

Esencia del liberalismo.


martes, 21 de agosto de 2012

viernes, 17 de agosto de 2012

Juan Marzal: Carlista, jesuita, literato y maestro


Juan Marzal Soler nació en Valencia el 5 de febrero de 1872. Estudió en el Colegio de San José que regenteaban en la clandestinidad losPadres Jesuitas. La Compañía de Jesús había sido expulsada del suelo español y su centenario colegio valenciano, secularizado. En 1870, el Provincial Jesuita de Aragón había enviado a un par de jesuitas, que vestidos de seglar y con apoyo del Marqués de Bellet y otros notables, fundaron en relativo secreto otro colegio.


Tocó al joven Juan Marzal estudiar en los años de la Tercera Guerra Carlista y, entre los católicos valencianos, no faltaban simpatías por la causa de Don Carlos. Se festejaban en forma más o menos secreta los éxitos de las armas legitimistas y, especialmente, se anhelaba la buena fortuna del príncipe Don Alfonso y de sus capitanes en el frente del Este, especialmente en el Maestrazgo y en Castellón, a pocos kilómetros de Valencia.

D. Alfonso y su esposa, Da. María de las Nieves en tiempos de la III Guerra Carlista
En 1890, Juan termina el Colegio y, poco después, el 11 de febrero de 1892, ingresa a la Compañía de Jesús en Veruela (Zaragoza). Cursa las Humanidades y un año de Filosofía allí en Veruela (1894-97).  Posteriormente, enseña en el Colegio del Salvador de Zaragoza (1897-1901). Empezó la Teología en el San Jerónimo de Murcia (1903-05) y la termina en Tortosa (1905-06). El 29 de julio de 1906 es ordenado sacerdote en Tortosa (Tarragona). Enseña Literatura en el Colegio de Zaragoza (1906-07). Hace la Tercera Probación en Manresa y es enviado a la Argentina, a donde llega en Julio de 1908. 

Aquí fue profesor en el Colegio del Salvador en Buenos Aires (1908-11). Sus últimos votos los toma el 2 de febrero de 1909 en esta ciudad. Estuvo, luego, un año en el Colegio San Ignacio de Santiago de Chile. Y, de allí, regresa a la Argentina pero ahora reside en la ciudad de Santa Fe.

El Colegio de la Inmaculada c. 1915, mientras se realizaban las ampliaciones del segundo piso.
En Santa Fe vive casi toda su vida en Santa Fe, siendo profesor de Literatura en el prestigiosísimo Colegio de la Inmaculada Concepción(1913-31). 

Todos los que fueron alumnos suyos coincidían en lo cautivantes que eran sus clases. Fundó allí la Academia Literaria, de la que era "presidente honorario perpetuo", y en la que era un verdadero honor ingresar. 

Fue maestro admirado y querido de Horacio Caillet Bois, Agustín Zapata Gollán, el P. Leonardo Castellani, Carlos María Aranguren, Gustavo Martínez Zuviría (Hugo Wast), Alfonso Durán, Francisco Magín Ferrer, entre otros muchos notables de la cultura argentina. 

Mucho quiso al taciturno adolescente Leonardo Castellani. Este, pasaba los recreos leyendo en la biblioteca del Colegio, donde abundaba la literatura tradicionalista y contrarrevolucionaria así como los clásicos del Siglo de Oro español. Marzal y otros profesores jesuitas de la "carlista" Provincia de Aragón guiaron al joven en sus lecturas de Gaspar Melchor de Jovellanos, Juan Donoso Cortés, Jaime Balmes, Ramón Nocedal y Romea, Manuel Tamayo y Baus, Adolfo Claravana, Pedro de Alarcón, Antonio Aparisi y Guijarro, Marcelino Menéndez y Pelayo, José María de Pereda, Juan Vázquez de Mella, el Padre José Francisco de Isla y, por supuesto, Santa Teresa de Jesús. No sólo a través de los volúmenes de sus obras, sino también de los periódicos y revistas que se recibían en abundancia -- publicaciones no sólo "serias" sino también "satíricas" (un género muy cultivado por los publicistas españoles tradicionalistas del cambio de siglo. Algunos conocidos y celebrados versos del Padre son adaptaciones de estas lecturas al ámbito local.)

 
 


Tanto cariño le tuvo Castellani (su biógrafo, Sebastián Randle, considera que el joven Leonardo quiso hacerse jesuita para imitar a su maestro), que muy probablemente los dichos de su "tío, el cura", que aparecen una y otra vez en la obra castellaniana, hayan sido efectivamente inspirados en consejos y reflexiones que Marzal hacía a este niño tan peculiar. La correspondencia con su condiscípulo Caillet-Bois, así parece darlo a entender.

El P. Marzal escribió, además, numerosos ensayos literarios, pero fundamentalmente obras de teatro, como “El crimen de hoy” (con el seudónimo Pedro de Arlanza, 1915), “Verdugo y víctima: Cuadros dramáticos” (también como Pedro de Arlanza, 1916), “La bandera argentina” (1917), “Noche de ánimas” (1918), “El caballero de Dios: San Ignacio de Loyola” (Bs. As., 1923), “Fe y patria: Teatro escolar” (1943), “Estampas de Navidad” (1945), entre otras. 

Su prestigio cruzaba los mares e incluso fue consultado con frecuencia por el poeta y dramaturgo español Juan Antonio Cavestany. Su nombre aparecía cada tanto y con orgullo en las Cartas y Noticias Edificantes de la Provincia de Aragón de la Compañía de Jesús. 

Entre 1925 y 1932, dirigió la revista del colegioLa Inmaculada, que alcanzó un altísimo nivel. 

En 1932 será trasladado a Mendoza, donde fue Superior de las Residencias (1932-34). Luego pasa a Buenos Aires, donde nuevamente y por varios años será Superior de las Residencias (1934-41). 

Ese año ‘41 regresó a Santa Fe, a su querido Colegio de la Inmaculada, siendo Director Espiritual de Alumnos hasta su muerte diez años después. 

Este devotísimo hijo de María, falleció en la Ciudad de Santa Fe el 15 de agosto de 1951, fiesta de la Asunción de la Santísima Virgen María. 

Salvador Cabedo dibujó un retrato del P. Marzal que se conserva en el patrimonio del Museo Provincial de Bellas Artes “Rosa Galisteo de Rodríguez” (Santa Fe). 

Algunos de sus versos fueron publicados en la antología de Veintiséis Poetas Argentinos: 1810-1920 (Buenos Aires: Editorial Universitaria, 1960). En 1964 se estrenó en Bilbao, “Desdén, afición y amor: Drama histórico”, obra póstuma del P. Marzal.






FUENTE: Carlismo Argentino, jueves 16 de agosto de 2012.

miércoles, 15 de agosto de 2012

Castellani por C. Astrada


Nuestro grande amigo don Leonardo Castellani, fraile de verdad si los hubo desde que el mundo fraileado frailea frailerías.

-- Carlos Astrada, El marxismo y las escatologías.-


lunes, 13 de agosto de 2012

Flaco y barrigón


Le tuvieron lástima al Matungo, que ya no podía con los huesos, y en pago de sus doce años de tiro lo soltaron para siempre en un alfalfar florido. El alfalfar era un edén caballuno, extenso y jugoso, y Matungo no tenía más que hacer que comer a gusto y tumbarse en la sombra a descansar después, mirando estáticamente revolotear sobre el lago verde y morado las maripositas blancas y amarillas.

Y sin embargo Matungo no engordó. Era muy viejo ya y tenía los músculos como tientos. Echó panza sí, una barriga estupenda, pero fuera de allí no aumentó ni un gramo, de suerte que daba al verlo, hundido en el pastizal húmedo hasta las rodillas, la impresión ridícula de un perfil de caballete sosteniendo una barriga como un odre.

-¡Qué raro!

-No crea. Lo mismo le pasa a mucha gente. Al que lee mucho y estudia poco, al que come en grande y no digiere, al que reza y no medita, al que medita y no obra.

Flacos y barrigones.


viernes, 10 de agosto de 2012

La libertad... se conquista


Una solución básica del problema educacional argentino sólo es esperable de una decidida cooperación de todos, calzada de un intenso esfuerzo de iniciativa privada. 

Los que quieren libertad de enseñanza han de merecerla, mostrarse hasta la evidencia capaces de ella, mostrar que son adultos, que soportan las responsabilidades de gobernarse a sí mismos, que tiene madura conciencia profesional.

La libertad no se pordiosea, se conquista. El que pide libertad llorando, por lo mismo demuestra que no la merece.


“Reforma de la enseñanza” (1939)

 

martes, 7 de agosto de 2012

Conti habla de Castellani



ERA NUESTRO ADELANTADO

Por Haroldo Conti
Se publicó como recuadro junto al reportaje que Guillermo Gutiérrez hizo al P. Castellani, con notas y selección de textos del mismo Gutiérrez, y que fue publicado como “Padre Castellani: Un oficio parecido al deshollinador”, en la revista Crisis, nº 37, Buenos Aires, Mayo de 1976, p. 43. Lamentablemente no hemos podido dar con la "famosa" fotografía.

Conocí al padre Castellani y en cierta forma conviví con él, pues de hecho vivíamos bajo un mismo techo, en el Seminario Metropolitano Conciliar de Villa Devoto, que en ese tiempo estaba en manos de los jesuitas. Yo era amigo, en realidad, del padre Hernán Benítez, que entonces editaba una revista llamada Solidaridad. Yo dibujaba las tapas de esa revista y recuerdo que me costaba una barbaridad pronunciar claramente la palabra. Por lo general decía solidariedad [sic].



Bueno, el caso es que como Benítez era muy compinche de Castellani a veces tenía oportunidad de verlo de cerca. Nada más que eso. En general Castellani era un lejano y legendario fantasma que transitaba por los pasillos penumbrosos del seminario provocando gestos y cuchicheos entre nosotros que lo admirábamos más bien de oídas. Concretamente yo, que en esa época vivía impresionado por Chesterton, había leído apenas Las nueve muertes del padre Metri. Después leí sin entender demasiado La crítica de Kant, en colaboración con Joseph Maréchal S.J., de quien se decía que era su continuador. Creo que lo que más me llegó fue su estilo, sobre todo en el rebate a Gar-Mar, porque por primera vez observé que se podía expresar cualquier cosa con un lenguaje argentino. Imagínense ustedes ver citar a Culacciati y al vigilante de la esquina en un trabajo sobre Kant e incluso encontrar en ese mismo trabajo frases como esta: “¡Hua’ tigre viejo grandote potí!”.



Los tres grandes en aquel tiempo eran para nosotros, pichones de cuervos, el padre Benítez que, como los magistas, era tan importante que no se notaba, y Leonardo Castellani, un gigante de ojos saltones que caminaba por los pasillos rumbo a sus grandezas bamboleándose como un barco, dentro de una sotana corta, con una mano encajada en la faja de jesuita y a veces un bonete francés y creo que con un par de botas que asomaban por debajo de la sotana. Su Crítica literaria en ediciones Penca de 1945 fueron [sic] mi primera reflexión seria sobre literatura, algún tiempo después. Traía un Prólogo justamente del padre Benítez con el rebuscado título, que aún recuerdo, de Palique preliminar. A Benítez le gustaba usar palabras del diccionario. Allí se hablaba de mis devociones de entonces: Chesterton, Hugo Wast, Paul Claudel. Entonces se me pasaron de largo Lugones, Ponferrada, Jacobella, Jorge Guillén y otras figuras más cercanas que Castellani trataba de introducir en nuestro reducido mundo que incluía, muy vagamente, presuponía tan solo, a la Argentina. En resumen, era nuestro adelantado, pero no nos dimos cuenta.


Viñeta aparecida en el reportaje que le hiciera esta misma revista en su número 39.


viernes, 3 de agosto de 2012

Herencia


Todo el ser lo recibimos
De la madre antigua y sabia;
Mi labio a nadie agravia
Si digo esta frase fiel:
Nos vino Don Juan Manuel
Y nos vino Rivadavia.

jueves, 2 de agosto de 2012

Sus primeros 50 años de vida




Castellani (1899-1949)

  • › Autor: Sebastián Randle
  • › Editorial: Vórtice
  • › Lugar: Buenos Aires
  • › Año: 2003
  • › ISBN: 987-9222-11-3

Índice

Advertencia bibliográfica
Reconocimiento
Capítulo  1. El Alambique
Capítulo  2. Milonga del ‘900
Capítulo  3. Norte Bravo
Capítulo  4. Nuchi
Capítulo  5. Perfume de Mujer
Capítulo  6. Marzal
Capítulo  7. Don Quijote de la Pampa
Capítulo  8. Ascesis del ‘900  
Capítulo  9. Cosa de locos
Capítulo 10. Moro
Capítulo 11. Zapatetas
Capítulo 12. Para siempre
Capítulo 13. De amicitia 
Capítulo 14. Antisemita
Capítulo 15. Tercerón
Capítulo 16. El color del tiempo
Capítulo 17. Sembradura de vientos
Capítulo 18. El ocio y la vida intelectual
Capítulo 19. Pensar la Patria
Capítulo 20. Sobre tres modos de ver la guerra
Capítulo 21. El cura loco
Capítulo 21 bis. A la Salinger
Capítulo 22. Dic Ecclesiae
Capítulo 23. Baile de Negros
Capítulo 24. Trajecito Azul
Capítulo 25. Mungué
Capítulo 26. Magnópolis
Capítulo 27. Job
Capítulo 28. Epílogo
Apéndice. No me doctore
Coda. Castellani ¿vuelve o no vuelve?
Indice onomástico

Reseña

Un libro que es una biografía que es una maravilla, como le correspondía a Castellani. He aquí su vida casi completa: llega hasta que cumple los 50 y regresa a Buenos Aires. ¿Y lo que falta? Bueno, ya se verá. Pero con lo que hay acá el lector tiene un Castellani de cuerpo entero y lectura para rato, de la buena.
(en preparación la versión digital)

Disponibilidad

  • › Impreso

Datos Técnicos

904 pgs. | 15 x 23 cm.

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